La lluvia vino a buscarme,
yo ya salía mojado del infierno,
pero la lluvia no tuvo piedad.
Fui ha refugiarme en la tierra lapidada,
traté de escapar del agua que corría,
y vi las caras,
huyendo como yo,
hacia la lapidación.
Descontentas,
huyendo de la tierra mojada,
del gorgoteo de las bocas al hablar:
cañones que por una vez traían flores.
Huyendo de las palabras hechas agua,
que iban más allá de lo intangible:
volviéndose espectros líquidos.
Así que emprendí la huída verdadera,
huí hacia la tormenta,
hacia único gris bello:
el de las nubes que alegran a pastos,
y rumiantes.
Noté las lágrimas que nunca lloré,
me deshice del miedo,
y del paraguas que me protegía de ellas,
de la cordura que rompe el cauce de los ríos,
de esos embalses que maniatan y esclavizan al agua.
Entonces,
un suelo mojado,
el agua,
la lluvia,
nunca el cielo,
siempre infierno,
estaba vivo.
Archivos para la Categoría 'poesía'
Cuando intento andar,
cuando sobrevivo,
el paso no me pertenece.
Va atado a la realidad,
cuya carreta se dispara
aguijoneada por el sonido de las alarmas.
Mi paso no aguanta este ritmo implacable,
ni la fugacidad de las cosa al pasar.
Mis pies se enredan,
tropiezo,
me revuelco,
me arrastro
y me desuello,
Por no saber,
por ser lento.
Quiero parar ,
sentar la cabeza en los adoquines,
olvidar que existo,
que existen,
dejarme guarecer por el aliento frío
de la piedra y la cal,
escuchar sólo el deslizar de mi alma
por acequias y alcabas,
dejarme correr en la tierra,
para que me cuente,
su lamento,
y el de las manos que en ella yacen,
como fue el doloroso parir,
de regiones,
forjadas con la sangre,
que tiñe los viejos y grandes ladrillos.
Que me ofrezca,
los cantos del Sacromonte,
los rezos,
de los que levantaron la Alambra,
el gemir de la montaña
de donde sacaron las piedras,
el llanto de los que llegaban,
el de los que casi se fueron,
las voces de los niños,
que moraban el barrio de la colina.
Quiero escucharte,
que me hables,
que me cuentes,
pero no me hablas.
Y asustada,
te callas.
A veces te olvido,
aunque sepa que estás aquí,
y respire el perfume que escapa de la carretera,
para posarse en la ventana.
A veces te olvido,
pero tú eres una verja insalvable,
posees la llave de la eternidad negada,
la dolorosa y alocada panacea.
A veces te olvido,
por que una niebla que no es niebla te oculta,
por que las hogueras de los muertos te asfixian,
y provocan tu huída aterrorizada y devastadora.
A veces te olvido,
me olvido,
olvido…
y te lloro.
Laberinto de oquedades cuadradas,
de rugidos mudos o humeantes,
de sombras que se esconden en las sombras,
de amasijos andantes tratando de formar un amasijo.
Palabras, frases llenas de silencios pestilentes,
de verdades disfrazadas de mentiras,
de deseos reprimidos que rompen lo posible,
de plumas rajando esófago, laringe, y labios.
Comentarios recientes