EL MUNDO SIN ESCAFANDRA

Tengo miedo de no volver a disfrutar. Del sabor del vino y tus labios, dientes y lengua. De tu abrazo como la yerba arraigada a la tierra. Que me hace sonreír con alegría ecológica y renovable. El fondo del mar.

Tengo miedo de no volver a sentir. La presión de tus manos. Tus dedos torcidos sobre las teclas del piano. Sobre mis propias manos, oídos, carne.

Tengo miedo de no volver a aprender. Otro punto de vista. Los colores que dan sentido al cuadro. Sin vergüenzas o tapujos. Los ojos como focos iluminando el camino. Las manos bien abiertas.

Detrás del miedo, la tristeza.

El miedo son mi muro y su foso. El esfuerzo de mantenerme infranqueable es el que me falta al explorar el mundo.

Lanzarse desde un puente. Nada que se pueda hacer al caer. Los brazos en alto. Excepto sentir la sangre golpeando en las venas. Como quien se lanza al agua. Y esperar a que la cuerda se tense. Justo al final.

No todo el mundo necesita explorar el mundo.
Yo sí.
Me niego a hacerlo desde el interior de una armadura.

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