Las paredes del bar están pintadas de verde. De ellas cuelgan fotos en blanco y negro donde la imagen de un actor o una actriz de Hollywood es acompañada por el título de una película.
Más allá de la barra, al lado de los baños, varios focos bañan de luz azul a un hombre de melena rizada y gris, dejada crecer a lo afro, que toca el piano y canta sobre un escenario. La gente que ocupa las sillas ignora y acalla la música del hombre con sus voces. Pero, a pesar de todo, él sigue tocando el piano con la inercia de un equipo de música.
– Este Evaristo siempre toca lo mismo ¿Te imaginas pegarte toda tu vida cansando a la gente con esas canciones tan aburridas? – dice Dimas
Charly es de los pocos que siguen la melodía de Evaristo. Lleva un pasamontañas negro y no se lo quita a pesar del calor que hace en la sala. Apenas mira a su amigo mientras responde a la pregunta.
– Me encantaría poder tocar el piano toda mi vida, aburrir a la gente y echarle de los bares con mis canciones.
– Creo que lo que hace es tan monótono como trabajar en una cadena de montaje.
- Hay animales que hacen toda su vida lo mismo, pero no parecen muy infelices. Están vivos.
- Sí, pero por lo menos pueden reproducirse. Seguro que ese no folla hace décadas. El otro día trató de ligar conmigo. Yo no soy gay, pero conozco a algunos que lo son y lo han rechazado igual que yo.
- Puede masturbarse. Me encantaría estar toda la vida masturbándome.
- ¿Y quién te lo impide? – Dimas observa a su amigo con un gesto de extrañeza.
Evaristo se levanta, abandona la luz de los focos, baja a la penumbra que envuelve al
público y se pone a recoger las botellas y los vasos vacíos de las mesas. Un grupo que toca versiones de Pink Floyd llena el espacio que ha dejado en el escenario. Dimas saca un paquete de cigarros y le ofrece uno Charly.
– Ya te he dicho que he dejado de fumar. – dice Charly
– Vale, tampoco hace falta que te pongas así.
Evaristo pasa al lado de la mesa donde están ellos y les saluda. Charly le devuelve el saludo.
- ¿Has visto con que carita te ha mirado? – dice Dimas. Charly ni le responde y se queda mirando como vaga por el bar la melena plateada de Evaristo . Después le da un ataque de tos y se va a casa haciendo caso omiso a las protestas del amigo.
- Me siento muy cansado. Adiós. – dice antes dejarlo atrás.
Al llegar a casa, Charly se mira en el espejo. Su cabeza ya no tiene puesta el pasamontañas. Tampoco tiene pelo.
Cuando lo leí, no recordaba el dato que me diste, y se me formó otra historia en mi cabeza… Aunque todo coge más sentido al releerlo teniendo en cuenta lo que me has dicho, lo que me encanta es que he podido unirlo todo y se crece..·*’`