“Escribir (y leer) es como sumergirse en un abismo en el que creemos haber descubierto objetos maravillosos. Cuando volvemos a la superficie sólo traemos piedras comunes y trozos de vidrio y algo así como una inquietud nueva en la mirada. Lo escrito (y lo leido) no es sino la traza visible y decepcionante de una aventura que, al fin, se ha revelado imposible. Y sin embargo hemos vueltos transformados. Nuestros ojos han aprendido una nueva insatisfacción y no se acostumbran ya a la falta de vidrio y de misterio de lo que se nos ofrece a la luz del día. Pero algo en nuestros pechos nos dice que, en la profundidad, aún relumbra, inmutable y desconocido, el tesoro.”
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