El pacto

La lluvia vino a buscarme,
yo ya salía mojado del infierno,
pero la lluvia no tuvo piedad.
Fui ha refugiarme en la tierra lapidada,
traté de escapar del agua que corría,
y vi las caras,
huyendo como yo,
hacia la lapidación.
Descontentas,
huyendo de la tierra mojada,
del gorgoteo de las bocas al hablar:
cañones que por una vez traían flores.
Huyendo de las palabras hechas agua,
que iban más allá de lo intangible:
volviéndose espectros líquidos.
Así que emprendí la huída verdadera,
huí hacia la tormenta,
hacia único gris bello:
el de las nubes que alegran a pastos,
y rumiantes.
Noté las lágrimas que nunca lloré,
me deshice del miedo,
y del paraguas que me protegía de ellas,
de la cordura que rompe el cauce de los ríos,
de esos embalses que maniatan y esclavizan al agua.
Entonces,
un suelo mojado,
el agua,
la lluvia,
nunca el cielo,
siempre infierno,
estaba vivo.


0 Respuestas a “El pacto”



  1. Aún no hay comentarios

Escribe un comentario